Redacción Informativa

La economía cubana necesita eficiencia, o sea, producir con menos gastos de recursos materiales, laborales y financieros, no solo ahora que tenemos escasez de recursos, debemos hacerlo un hábito. Para lograr este objetivo juegan un papel fundamental los costos, que son los gastos incurridos para realizar la producción de bienes y servicios.

Todos los actores económicos, fundamentalmente la Empresa Estatal Socialista y las Mipymes, deben conocer el costo predeterminado de sus producciones y/o servicios y el costo real de los mismos, para poder comparar y detectar las reservas de eficiencia económica que tiene la entidad, lo cual es muy importante para lograrla en todo el país, cuando se analizan sus entidades.

Aquí desempeñan un rol muy importante los sistemas de costos que son el “Conjunto de métodos, normas y procedimientos que rigen la planificación, determinación y análisis del costo, así como el proceso del registro de los gastos de una o varias actividades productivas en una entidad”.

Para lo cual se ha emitido la resolución 935/2018 y su NEC (Norma Específica de Contabilidad) No.12 del Ministerio de Finanzas y Precios, puesta en vigor el 1 de enero del 2019, donde en su resuelvo segundo se plantea: “Los órganos, Organismos de la Administración Central del Estado, las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial y las entidades nacionales crean, durante el año 2019, las condiciones objetivas y subjetivas en las instancias que se le subordinan, para la elaboración e implementación de los sistemas de costos que a cada cual le corresponde, de manera que, a partir del 1 de enero de 2020, lo dispuesto en el Anexo Único de esta Resolución esté totalmente aplicado”.

Lo cual resultaría muy útil de concretarse en la práctica, no obstante, en nuestro criterio aún falta estimulación económica en las entidades y no administrativas; no es disponerlo en un documento legal para que se aplique, la entidad debe sentirse estimulada para diseñar e implementar sistemas de costos que contribuyan a medir su eficiencia económica, teniendo presente que la reducción de los costos propicia mayores beneficios o utilidades y no intentar lograrlo mediante el incremento de los precios.

Tratar, por mecanismos de estimulación, que nuestros actores económicos tengan interés en reducir costos mediante la innovación y el desarrollo tecnológico. La eficiencia económica es tan imperiosa, que una forma de estimulación podría ser exonerar o reducir el impuesto sobre utilidades, aquella parte de la utilidad que se obtiene mediante la eficiencia económica.

Por otra parte, la política de precios del país puede ayudar a lograr este objetivo, pues estuvimos habituados hasta el 31 de diciembre del 2020 a formar los precios por el método de gastos o ficha de precios, lo cual no propicia la eficiencia económica, pues el precio se incrementa en la medida que aumentan los costos y los gastos (directamente proporcional), por lo cual se estimula a tener más y no a reducirlos.

Supongamos lo absurdo, que sería que una entidad introduzca innovación tecnológica en sus procesos y esto le reporte reducción de los costos y tenga que disminuir los precios, cuando lo correcto sería mantener los precios y apropiarse de una mayor utilidad, si lo reduce debe ser para ganar mercado.

En los precios debe predominar su formación por el método de correlación, de forma tal que todos los actores que produzcan un producto o servicio igual o similar tengan el mismo precio y los que sean capaces de reducir costo y gastos obtengan una mayor utilidad; deben tenerse en cuenta aspectos de oferta-demanda, pues existen elementos no tangibles como el reconocimiento del mercado por la calidad u otros aspectos que también deben reconocerse en los precios.

Igualmente, deben considerarse las fichas de costos y gastos provenientes de la implementación del sistema de costos, pues las mismas deben servir de referencia para comparar con sus precios y realizar análisis de costo-beneficio.

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