Granma

Como anticipara José Martí, se alistó estremecido el corazón de la mujer, de ella surgió la fuerza, el valor; las Marianas se multiplicaron por millones y, de la mano de Vilma Espín Guillois y de Fidel Castro Ruz, nació, hace 62 años, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), para hacer invencible la obra.

Enfermeras mambisas en la manigua, intrépidas luchadoras clandestinas contra la dictadura de Fulgencio Batista, y en la Sierra Maestra, fragua de la última etapa de las luchas por la independencia de la Patria, en la cual los fusiles permanecían, en guardia, en las manos de las integrantes del pelotón Mariana Grajales.

Luego del triunfo revolucionario también estaban ellas, en la necesidad de unificar las organizaciones femeninas progresistas de diversos sectores, para asumir el rol que, siempre supo Fidel, debía desempeñar la mujer en la construcción de una nueva sociedad.

De la Unidad Femenina Revolucionaria, que aglutinaba a mujeres campesinas; la Columna Agraria, las Brigadas Femeninas Revolucionarias, los Grupos de Mujeres Humanistas, Hermandad de Madres y otras, surgió, el 23 de agosto de 1960, la FMC.

En poco tiempo, unos cuatro millones de cubanas se afiliaron a la FMC, estructurada a nivel nacional, provincial y municipal, mediante bloques y delegaciones. Los únicos requisitos eran la voluntariedad para defender a la Revolución y tener 14 años cumplidos.

Hoy, las mujeres de Cuba representan más del 49 % de los empleados en el sector estatal-civil; en la matrícula de las universidades, ellas son el 65 %, el 53,7 % de los egresados de las carreras de ciencias naturales y matemáticas, y el 66,9 % de ciencias médicas. Dentro del personal docente de la Educación Superior, son el 66 % y en el sector científico, el 48 %.

Basta mirar a nuestro alrededor para verlas en importantes tareas de la dirección política y social, del Estado y del Gobierno, de la economía, la Salud, la ciencia y la técnica, la diplomacia, el deporte y las organizaciones de masas, etc.

La Dirección Nacional de la FMC está integrada por el Comité Nacional y el Secretariado, encargados de hacer cumplir los acuerdos adoptados en cada Congreso. En esa estructura se reúne a mujeres que representan todos los sectores sociales, varias de las cuales son diputadas al Parlamento, en el que constituyen el 53,22 % de sus integrantes.

Desde su constitución, la FMC tuvo como presidenta a Vilma Espín Guillois, quien desde la sensibilidad y la firmeza de una heroína copó de amor la obra de la Revolución. A ella se le debe el vertiginoso desarrollo de la mujer en la sociedad, como lo había previsto Fidel, y su empoderamiento. Tras su desaparición física, en 2007, la secretaria general, Yolanda Ferrer Gómez, asumió la responsabilidad; y, desde 2012 , la tiene Teresa Amarelle Boué, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

Cuando vemos a las mujeres dirigiendo o participando en la elaboración de las vacunas contra la COVID-19; en la zona roja, atendiendo a los enfermos contagiados, a riesgo de sus vidas; en las brigadas del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve; en la Cruz Roja; como auditoras, defendiendo la eficiencia y la probidad administrativas; impartiendo clases o maestrías, conduciendo sectores claves del país, recordamos a Fidel y su visión sobre la mujer en la nueva sociedad, desde los tiempos fundadores de la Sierra Maestra.

«Las mujeres constituyen un verdadero ejército al servicio de la Revolución. La mujer es una Revolución dentro de la Revolución», dijo el Comandante en Jefe.

Esa máxima recorre hoy, a manera de continuidad, el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, que hace realidad sus ideas, las de Vilma y las de Martí.

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