La mitología griega narra que el titán Prometeo desafió la soberanía del Olimpo al robar el fuego sagrado para entregarlo a los hombres. Aquel audaz acto de rebeldía divina pretendía arrancar a la humanidad de la ignorancia y otorgarle la herramienta definitiva para fundar la civilización.
Sin embargo, los últimos hallazgos de la ciencia demuestran que el real conquistador de las llamas no fue un personaje de leyenda ni requirió de castigos eternos. El auténtico milagro de conquistar el fuego ocurrió en la Tierra, protagonizado por un ancestro mucho más antiguo, tenaz y real.
Ese héroe de carne y hueso fue el Homo erectus, una especie que logró una proeza real que empequeñece cualquier fábula clásica.
En las profundidades de Sudáfrica, un grupo de investigadores ha desenterrado las evidencias físicas más remotas del uso del fuego por parte de homínidos.
El hallazgo sitúa este hito hace 1,8 millones de años, una fecha que duplica la antigüedad de los registros que la ciencia consideraba válidos hasta hace poco. Y el escenario de esta victoria evolutiva no fue el monte Olimpo, sino la penumbra de la emblemática cueva de Wonderwerk.
/Autor: Vladia Rubio/
