El Granma ha perdido a otro de los suyos. Ramiro Valdés, Comandante, vigía de la retaguardia, atracó en la orilla definitiva. Con él se desprende una de las losas originales sobre las que se alzó la épica; la utopía pierde a su escribano de hierro, aquel que supo de la clandestinidad, de la Sierra y de Revolución.

¿Cómo se dice adiós a quien es parte de la médula de Cuba? La respuesta es desgarradoramente sencilla: el Comandante Ramiro Valdés se marcha hoy, pero deja una huella tan honda y tan vasta como el propio archipiélago que juró defender. Su legado no es trascendental: es definitivo.
***

No podía ser otro sitio. La Habana eligió el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para dar su último adiós al Comandante. La fila avanza, pausada y silenciosa, como si el tiempo mismo se tomara un respiro. Hasta las cuatro de la tarde, este será el escenario del duelo y el reconocimiento.

Luego, el viaje definitivo. Cumpliendo su última voluntad —descansar junto a sus compañeros de lucha y cerca del Guerrillero Heroico—, los restos de Ramiro Valdés Menéndez serán inhumados el jueves 25 de junio, en la mañana, con honores militares. El Mausoleo del Frente de Las Villas, en el Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara de Santa Clara, lo recibirá para siempre.

Una foto de Ramiro, de aquellos años en que la barba era más oscura y la mirada aún no conocía el peso del tiempo, recibe a la fila que se acerca a despedirlo. Hay en esa imagen una especie de vigilia: el comandante de entonces observa al comandante que ya no está.

A sus pies, junto a los ramos de flores, reposan sus condecoraciones. No son simples objetos: cada medalla contiene una historia de entrega, cada placa de metal pesa lo que pesa una vida puesta al servicio de los demás. Lo que parece un inventario militar es, en realidad, el mapa de un hombre que no supo vivir sino para Cuba.

/Tomado de Cubadebate/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *