La salud cerebral se describe como la buena marcha del cerebro durante toda la existencia, implicando propiedades como el pensamiento, la memoria, la capacidad para tomar decisiones y el aprendizaje.
Al envejecerse, el cerebro igualmente sufre de mudanzas normales que pudieran perturbar estas funciones, más conservar un modo de vida sano, con alimentación equilibrada, estimulación mental, manejo del estrés y ejercicio físico, pudiera favorecer la preservación de la potencia mental y retardar el quebranto cognoscitivo coligado a la senectud, disminuyendo el peligro de padecimientos neurodegenerativos como es la enfermedad de Alzheimer.
El entrenamiento físico es una de las armas más seguras con el fin de conservar la robustez intelectual a lo largo de toda la existencia. Al ejercer una función física de forma sistemática, la materia gris se favorece de una secuencia de métodos biológicos que suscitan la neurogénesis, quiere decir, la creación de noveles neuronas. Esta habilidad es esencial para proteger la flexibilidad cerebral, la que le consiente al cerebro habituarse y recobrarse frente a diversos daños o del natural desgaste de la senectud.
Uno de los principales mecanismos por los que el ejercicio produce una mejoría en la salud del cerebro es por medio de la liberación de factores neurotróficos, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Estas proteínas promueven la diferenciación, el crecimiento y la conservación de las neuronas, conjuntamente con fortalecer las sinapsis, que son las uniones entre las células nerviosas. Esto se vuelve en una superior facultad para memorizar, aprender y procesar información.
El ejercicio además estimula una mejoría en la circulación de la sangre, acrecentando el flujo de nutrientes y oxígeno al cerebro. Este aumento en la perfusión cerebral ayuda a la reproducción celular y a la disminución del perjuicio originado por la inflamación y el estrés oxidativo, dos causas relacionadas estrechamente con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson y con el envejecimiento cerebral.
En tanto que nos avejentamos, es natural advertir una gradual disminución en indiscutibles tareas cognitivas, tales como la velocidad de procesamiento y la memoria. No obstante, la realización sistemática de adiestramiento pudiera ralentizar estas caducidades. Diversas investigaciones han mostrado que los individuos físicamente activos poseen un mayor volumen de materia gris en zonas clave del cerebro, sobre todo en el hipocampo, una zona referente al aprendizaje y a la memoria.
/Cubahora/
