Invasor/12 de julio de 2021

Los cantos de sirenas siempre han tenido dobles intenciones. Los que ahora se escuchan no resultan diferentes. Se originan en la madriguera del principal adversario de la Revolución cubana.

No se emiten para salvar a los cubanos de las consecuencias del genocidio que con el eufemismo de los hipócritas llaman embargo desde que iniciaran el bloqueo económico, financiero y comercial con el que pretenden cortar todas las líneas de colaboración con Cuba.

No se asumen para impedir la creciente propagación de la COVID en Cuba, ni para propiciar el bienestar de una nación que asume la soberanía desde un modelo pensado desde la perspectiva martiana y fidelista de “con todos y para el bien de todos”, y bien ajena a la idea de privilegiar a unos pocos a costa de sufrimientos para las mayorías.

Pero también es cierto que los cantos de sirenas suelen interpretarse con mayor fuerza cuando la situación del pueblo agredido se complica, en este caso, por la conjunción de una crisis sanitaria internacional y el recrudecimiento del bloqueo imperial.

La pandemia se erigió en novedad desde el pasado año, pero la política del tío Sam, basada en el divide y vencerás, es tan vieja como los cimientos del capitalismo salvaje.

Aprovechan cada resquicio: las carencias de un país cuyo normal desenvolvimiento resulta crecientemente limitado por leyes espurias, concebidas en Washington, pero con ilegítima implementación extraterritorial; los azotes de una pandemia que afecta a casi todo el planeta y los errores internos que Cuba reconoce y asume.

Como siempre ha ocurrido, en el tortuoso y sacrificado camino de la nación de Varela, Martí, Mella y Fidel, los agresores y sus acólitos, partidarios de la anexión, ganan adeptos entre los confundidos, pero no podrán vencer la fuerza de un pueblo con suficiente cultura política como para saber de dónde viene su estirpe y el horizonte que marca la ruta hacia una patria próspera y sostenible.

Si en la calle se decide el futuro inmediato de la obra socialista que respalda la mayoría de los cubanos, en las de Ciego de Ávila también encontrarán respuesta digna los adversarios. La orden ha sido pronunciada y cada avileño también será su propio Comandante en Jefe.