Por Arquímedes Romo Pérez

Existe una máxima en el béisbol que resulta indiscutible y tan exacta que nadie pone en tela de juicio:”Un partido nunca se parece al otro”, más cuando el Reglamento de esta disciplina deportiva nacida en el Siglo 19, es modificada cada año por la MLB, esa organización multimillonaria estadounidense que contra viento y marea rige los destinos de la pelota mundial.

Y esta gran realidad se pone de manifiesto en la mayoría de los juegos porque en la objeticidad de cada uno, aparece algo que desconocemos, que no suele ocurrir, que no está en el reglamento cotidiano, que pasó una vez hace un siglo y otra que nadie nunca ha visto. Y esto ocurre en cualquier partido, de cualquier calidad y en cualquier categoría.

Así ocurren hechos o situaciones imprevistas con desenlaces originales como, por ejemplo, el roletazo de frente al torpedero Tata Chávez, que por mal rebote se le introdujo por la botonadura de la camisa y cuando pudo sacarla ya habían anotado los dos hombres que decidieron un campeonato de segunda categoría en Morón.

En 2006 los Tigres de Ciego de Ávila tienen como sede el estadio “Paquito Espinosa” con motivo de la ampliación y reparación del “José Ramón Cepero”, y los aficionados de la ciudad del gallo pueden disfrutar de muy buena pelota y de hechos y cosas interesantes y curiosas., como la ocurrida en el primer encuentro de la sub serie entre Alazanes de Granma y Tigres de Ciego de Ávila.

Los granmenses son visitadores y arriban a la novena entrada con desventaja de 2 carreras por 1. Ya con dos outs en la pizarra y a punto de archivarse el triunfo de los locales, el séptimo hombre en la alineación, Ramón Tamayo, hace un swing fuerte y manda la pelota más allá de las cercas del jardín izquierdo para igualar el marcador y extender el partido.

Lo ocurrido no es común pero es lógico en el béisbol y lo vemos en ciertas ocasiones. En la mitad final del noveno los anfitriones son retirados sin problemas; en el décimo los visitantes reciben cero y los locales también son retirados a paso de conga, y con la llegada de la entrada número once, tras dos outs en la pizarra del “Paquito Espinosa”, toca su turno nuevamente a Ramón Tamayo, quien al primer lanzamiento saca el batazo que decide, conecta otro cuadrangular, y esto sí que va a las memorias de lo poco usual: empatar en el noveno y decidir en el onceno y en ambas ocasiones por cuadrangulares.

En la década de los años 90 del pasado siglo, el béisbol en la provincia avileña y especialmente en Morón, toma un gran auge y la afición y los organismos ofrecen un gran respaldo popular a los “Gallos Rojos”, una novena verdaderamente fuerte para torneos provinciales, demostrado con la obtención de cinco títulos y tres participaciones en los desaparecidos torneos de Clubes Campeones Municipales.

Morón cuenta con varios jugadores de la escuadra provincial y entre los de menores resultados integrales está el jardinero derecho Pedro Goya, quien logra descubrir que su día de suerte es, indudablemente, el 25 de junio de 1997. Juegan en el “Paquito Espinosa” Ciro Redondo y Morón en un programa doble, ambos a 9 entradas y ,aunque cerrados, ganados por los Gallos.

Pedro Goya ocupa el quinto turno en la alineación y en la segunda entrada conecta doblete y anota carrera; en la cuarta pega hit a los jardines y anota impulsado por doblete de Osmani Artiles; en la sexta se va de cuadrangular con dos impulsadas y en la séptima pega doblete, impulsa otras dos y anota carrera. Pero la fiesta sigue y en el juego vespertino, ubicado como cuarto en la alineación, abre con hit impulsador de una carrera; en la tercera entrada conecta sencillo y anota; en la cuarta dispara doblete e impulsa una y en la sexta, última vez al bate, cierra la actuación con cuadrangular en solitario. En resumen Pedro Goya , en su día de suerte, pega 2 cuadrangulares, 3 dobletes y 3 sencillos; anota 6 carreras e impulsa otras 6.Si observamos que los partidos finalizan 9 carreras por 6 y 6 por 5 favorables a los locales, nos percatamos que este jugador significa más del 50 por ciento de las dos victorias de su equipo.

Ciego de Ávila, como provincia joven, se inserta en las series nacionales de Béisbol con escasas posibilidades de victoria al carecer de una base sólida y desarrollada. Varios son los mentores que asumen la responsabilidad de manejar la bisoña escuadra que alcanza cierta madurez con la entrada de Roger Machado al puesto de mando, y los Tigres comienzan a escribir su historia en la serie 48, cuando tienen acceso al podio de premiaciones por vez primera en la historia de la pelota cubana, con una medalla de Bronce.

Sin embargo es importante decir que ese tercer puesto es una demostración de persistencia en los deseos de triunfar ante un potente y aguerrido equipo de Villaclara, cuya decisión final es única en nuestros clásicos, tan insólita que se inscribe entre las curiosidades de mayor trascendencia. La ronda conclusiva de la semifinal tiene por escenario el estadio “Sandino” de Santa Clara, en una semana intensamente lluviosa.

El primero de los tres partidos de la ronda, lo ganan los villaclareños cuando dejan en el terreno a los avileños por un cuadrangular decisivo en la novena entrada. El segundo juego tiene idéntico desenlace, y el tercero concluye el 25 de mayo de 2009, después haberse sellado, empatado a dos carreras, los días 23 y 24, y en esta ocasión, para no cambiar la tónica, se decide en la novena entrada por cuadrangular de Ramón Lunar. Lo verdaderamente curioso es que en esta semifinal Villaclara deja tres veces en el terreno a Ciego de Ávila, en las tres ocasiones por cuadrangulares y en todos los casos ante el lanzador relevista Vladimir García Escalante.

En béisbol es común escuchar ”la carrera de la quiniela”, expresión que identifica la primera anotación de un partido por cualquiera de los dos equipos contendientes. Regularmente la quiniela es anotada por uno de los primeros cinco bateadores de una escuadra, toda vez que los hombres que abren son poseedores de las facultades que deben observarse para fabricar una carrera. Primero y segundo son bateadores de tacto y corredores rápidos, el tercero es el mejor bateador del equipo, y los ocupantes de los turnos cuarto y quinto suelen ser los mejores impulsadores.

Lo ilógico en un partido de pelota, es que la quiniela sea anotada por un hombre que no esté incluido entre los primeros cinco de las alineaciones participantes, y éste es el curioso caso que hemos encontrado en la hoja de anotación del narrador que describe el encuentro celebrado en el estadio “Paquito Espinosa”, entre los equipos Bolivia y Morón, el día 26 de junio de 2009.

Se celebra un excelente partido que concluye con marcador de 3 carreras por 0 favorable a los locales, tras una magnífica actuación del lanzador Alex Chávez, quien sólo tolera 4 indiscutibles. Lo curioso del encuentro es que la quiniela es anotada por Guillermo Téllez, el hombre ocupante del noveno turno, y lo más interesante es que no sólo es la quiniela, sino que Téllez en tarde perfecta, anota las tres carreras de los “Gallos” para convertirse en el único protagonista ofensivo del juego.

En la tercera entrada abre con doblete y después de llenarse las bases con dos outs es impulsado por transferencia a Humberto Morales. En la cuarta entrada, después de un out, pega su segundo hit y más tarde es impulsado por doble de Genny Reyes, y en la sexta, dispara su tercer indiscutible, todos al jardín izquierdo, y después anota por cohete de Ricardo Bordón. Logra 3 hits en 3 turnos y anota las únicas 3 carreras del partido desde el noveno balcón local.