El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a demostrar que la política hostil mantenida por su administración contra Cuba y Venezuela está basada fundamentalmente en intereses electorales. Conocedor de la importancia del sureño estado de Florida y sus 29 votos electorales para mantenerse en la Casa Blanca por otros cuatro años, el gobernante republicano intenta apelar a un sector entre el cual no goza de gran popularidad: la población latina de ese territorio.