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Imitemos a Fidel

Granma Noviembre 25, 2019

Es muy frecuente escuchar o leer frases como «¡Yo soy Fidel…!», o «¡Se oye, se siente: Fidel está presente!».

Sí, esto es necesario, pero no suficiente. Como es imperioso visitar y depositar una flor en la piedra, que guarda sus restos mortales en el cementerio Santa Ifigenia, o expresar aquí estuvo Fidel o esto lo creó Fidel. Todo eso, reitero, es un compromiso y un deber revolucionarios; sin embargo, no lo es todo.

Recordar a Fidel es mucho más. Es apropiarse de sus ideas y convertirlas en realidad, es adueñarse de su ejemplo y actuar como él, es continuar la obra que él inició y dirigió.

Y hoy, creo que estudiar el pensamiento, el ejemplo y el legado de Fidel no debe ser tampoco un homenaje, sino una conveniencia, un beneficio para la Revolución, los revolucionarios y patriotas cubanos, porque adquirimos un valioso instrumento, una extraordinaria guía para ser cada día realmente un Fidel.

Uno de los retos mayores para recordar a Fidel es también apropiarse de su ejemplo, para de manera consciente dar continuidad a su obra. Contrariamente a su inconmensurable grandeza y a su liderazgo al frente de la Revolución Cubana, Fidel fue ejemplo de una extraordinaria humildad, que mantuvo a lo largo de su existencia.

Si acudimos al concepto humildad –del latín humilitas, que significa «pegado a la tierra»–, tal como lo describe la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, es: «Actitud de la persona que no presume de sus logros, reconoce sus fracasos y debilidades y actúa sin orgullo». Así actuó Fidel toda su vida. Imitémoslo.

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