Eran las 7:00 p.m. cuando fue inaugurada en un pequeño local de la calle Serafín Sánchez número 48, entre Martí y Callejas. Sus primeros trabajadores fueron José Luís Taboada y Salvador Vila (operadores), José Armando Reynal, Gustavo Mazorra y Rafael (Chicho) Morales, locutores. Como periodistas Silvio Rodríguez Acosta y Emiliano Rodríguez Toscazo, como técnico José Otelo y director el Dr. Segismundo Cervantes.
Comenzó a transmitir en el horario de 8:00 a.m. a 10:00 p.m., pero se extendió posteriormente con una programación ininterrumpida en vivo y grabada. La primera de ellas consistía en una propuesta recreativa destinada a la población, que abarrotaba el estudio - teatro con el propósito de aplaudir a los artistas del patio. Se cuenta que en la calle se hacían colas para poder acceder al pequeño estudio de la planta.
Resulta interesante el testimonio de Edel Fernández Venegas, quien fuera locutor en la CMJU, Radio Cuba de Morón, y de Radio Morón con posterioridad a enero de 1959.
Edel, uno de los primeros delegados del Instituto Cubano de Radiodifusión, (ICR), en la antigua provincia de Camagüey, con su proverbial memoria, recuerda las características de la emisora en los años de la Cuba neocolonial cuando narró:
En esa época Radio Morón era una emisora local como todas las de aquella época; de carácter puramente comercial, operada bajo la dirección del abogado y profesor del Instituto de Segunda Enseñanza doctor Pablo Castellanos Caballero, en sociedad con Eliseo López, quien puso el capital para adquirir los equipos y el local.
Desde el punto de vista técnico, poseía un transmisor de 250 watts, una consola, dos platos tocadiscos, y dos micrófonos RCA-Víctor colgantes. Transmitía en la frecuencia de 1 230 kilociclos; tenía un estudio-teatro con sesenta lunetas, una cabina de audio y una de locución, discoteca y la recepción. Su antena era de tendedera y estaba en el patio de la Delegación Canaria.
Tanto la programación de Radio Cuba, como la de Radio Morón, era fundamentalmente musical, entre disco y disco se daba alguna mención comercial; algunos programas se realizaban en vivo con solistas o agrupaciones musicales, patrocinados por cervecerías o anunciantes que tenían capital suficiente para pagar. No existía una gran fonoteca. Allí lo que había era una pequeña discoteca con placas de 33, 45 y 78 revoluciones por minuto.
Los programas más populares eran los de participación. Los oyentes escribían a los diversos espacios, se les saludaba y eso motivaba mucho. Al cubano le ha gustado siempre se le mencione por la radio, y entonces escribían mucho a los distintos programas musicales para que los felicitaran en las fechas de cumpleaños y cosas así.




