Así lo considera el licenciado Javier González García, jefe del departamento de Gestión de Riesgos en este centro científico enclavado en el municipio de Morón, quien añade que actualmente se estudian algunas variantes para la alimentación animal que emplean subproductos de la alimentación humana anteriormente desechados.
Entre las alternativas más promisorias destacan la fermentación de algunas de estas sustancias para la creación de alimentos más nutritivos, así como el ensilaje y la deshidratación con vistas a un almacenamiento más prolongado sin que pierdan sus propiedades alimenticias.
Uno de proyectos más importantes que desarrolla el CIBA en la actualidad derivado de esta estrategia es el uso del rastrojo del frijol para la alimentación del ganado ovino, investigación que hasta la fecha muestra resultados alentadores.




