Días antes del 10 de octubre dio a conocer el diseño de la bandera a los principales conjurados. La enseña que ondearía en La Demajagua la esbozó Céspedes a lápiz y la bordó a toda carrera, el 9 de octubre Candelaria Acosta Fontaigne, la bella joven con quien el abogado bayamés tendría posteriormente dos hijos.
El pabellón del 10 de Octubre acompañó nuestras primeras batallas hasta que, con lógicas discusiones, se adoptó el de Narciso López en la Asamblea de Guáimaro. Medía más de un metro de largo y ancho, quedó casi cuadrado y tenía tres colores, a semejanza del de Chile, pero con otra disposición: rojo, blanco y azul.
El cascabel libertario estuvo abandonado durante 31 años (desde 1869 hasta 1900), pero fue rescatado por buenos cubanos y ubicado en el Ayuntamiento de Manzanillo. Se transportó varias veces a la capital cubana, una de estas por Fidel, en noviembre de 1947. Por suerte, en el centenario del estallido independentista fue ubicado en La Demajagua.
Por otra parte, antes de su viaje al espacio, en septiembre de 1980, Arnaldo Tamayo Méndez, primer cosmonauta de América Latina, acudió al histórico lugar, tomó tierra allí y con ella anduvo por los cielos.