Dos miembros de la Agencia Central de Inteligencia, creyéndose amos del universo, armados con explosivos C-4 –o dinamita-, y con dosis nulas de escrúpulos y humanismo, hicieron estallar un infierno en la aeronave CUT-1201 de Cubana de Aviación, que ese día transportaba a 73 personas: 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos desde Barbados.
Una fechoría más del imperio, ahora protagonizada por Luís Posada Carriles y otros secuaces a su servicio.
Aún resuena vibrante y anardecido el histórico discurso de Fidel, el 15 de octubre, ante un millón de personas en la Plaza de la Revolución, en el que, para despedir simbólicamente a los caídos, señalara: “No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”.




