Se dirigió a su vehículo y desenfundó uno de esos útiles de limpieza. "Mira, yo mismo los cepillo y dejo el cabo bien pulido, pesa poco y no se rompen tan fácil".
"Yo me dedico a esto desde hace no sé cuantos años, ya la gente me conoce y me hacen encargos y nunca defraudo al pueblo, porque como dice la consigna Mi trabajo es usted", y lanza una carcajada.
"Soy un tipo diferente, por la mañana vendiendo escobas, en el atardecer con mi guitarra al hombro canto música mexicana, boleros, rumbas y cualquier cosa, porque, siendo música todo me gusta".
Luego de su trova propagandística, Lázaro muestra un documento algo envejecido, pero legible. Es un hago constar expedido por el Hospital Provincial Antonio Luaces Iraola de Ciego de Avila, instalación que recibió un donativo de este sencillo y solidario hombre de 78 años de edad.
Cuenta que un día estuvo en esa instalación y entonces decidió donar dos trapeadores, una escoba, un haragán y otros útiles de limpieza, como agradecimiento a la atención que recibió, gesto que lo recibieron con agrado.
Similar donativo ha realizado en varias escuelas de Morón y a otros colectivos para facilitar el trabajo de las auxiliares de limpieza, y contribuir con la higienización, un deber como cubano.
Ya en la despedida confiesa: "por eso me siento una persona muy feliz". Y con insistencia me reitera: ¿usted no quiere una escobita?




