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La crísis de la radio en los años treinta

Arquímedes Romo Pérez Agosto 29, 2019

Sin duda la base económica de la radio cubana puede calificarse como precaria hasta la primera mitad de la década de los años treinta en nuestro país. Los anunciantes son, fundamentalmente, tiendas modestas, pequeños fabricantes de ropa, mueblerías,estos  son los principales clientes.

Solo algunas industrias, especialmente de  cigarreros, refrescos, chocolates y alimentos ligeros sostienen las principales “horas de radio”.

En estos tiempos actrices y actores ya profesionales con arraigo en el público perciben solo un peso y cincuenta centavos por actuar en una comedia de tres actos, mientras que los papeles secundarios reciben cincuenta centavos por actuación en presentaciones de una o dos veces por semana. Algunos cuadros de comedias con audiciones fijas más estables, disfrutan de sueldos o igualas que varían de cuatro a diez pesos a la semana para sus miembros. La figura máxima del radio-teatro de la época gana un salario de ochenta pesos mensuales que se considera excepcional.

Debe considerarse, por  supuesto, el bajo nivel de salario que hay en la Cuba de esos tiempos en plena crisis económica de la dictadura de Machado. Por otra parte, un peso tiene más valor adquisitivo. Por ejemplo, un traje de hombre cuesta cuatro pesos, por doce se adquiere uno de “dryl Taylor”, mientras que un almuerzo completo y balanceado se sirve en buenas cafeterías por veinticinco centavos.

Aunque lo que se gana en la radio parece insignificante representa una valiosa ayuda, ya que el tiempo dedicado a ensayos y transmisiones es eventual y deja margen suficiente para otras actividades.  La radio se considera como algo extra. Por lógica, siendo escaso el número de compradores, las tiendas pequeñas son los clientes que más utilizan la radio y asocian, a veces, la emisora con el establecimiento comercial. Esa es la razón de ciertas denominaciones como: CMBZ de “La casa Salas”; CMQ “La Casa de las Medias”.

Como algo curioso e interesante se recuerda un hecho significativo de aquella época cuando se realiza en la capital uno de los primeros “controles remotos” de la radio  habanera. Conducida por el mítico René Cañizares (Cañita), la trasmisión se origina en el marco de un programa matinal variado que se produce a la vista del público, en el local de la tienda “Los Precios Fijos”, en el cual se combina el espectáculo con “ventas especiales”, promovidas entre los curiosos que asisten a presenciar la audición radiada por la emisora CMQ.

Cuando se profundiza en la historia de la radio cubana  sobresale la valentía, la improvisación, el invento y la experimentación, toda vez que en los tiempos que nace no existen experiencias en nuestra área geográfica y solo se cuenta con  la referencia norteamericana, razón por la cual  con la despreocupación del estado cubano y de los precursores de crear las bases mediante instituciones de estudio y superación técnica del medio, aparece la necesidad de aprender inglés.

Este imperativo hace  que algunas publicaciones introduzcan nuevas ideas en la organización radial, apoyadas por el abandono oficial en el que se deja al medio,  la falta de centros de estudios específicos y la carencia de libros de texto sobre  radio en nuestro idioma, hacen que los elementos más inquietos busquen una orientación en los numerosos libros sobre la materia que se editan en los Estados Unidos de Norteamérica.

Esto, unido a la tendencia general de aplicar en Cuba las normas, experiencias y nomenclaturas empleadas en la publicidad norteamericana, hace que se comiencen a emplear términos ingleses en muchas fases del proceso radial. Como ocurre siempre, los que llegan a última hora, sin haber pasado por el ciclo romántico que desarrolla los nuevos valores, tratan de encubrir las faltas con una exhibición de sus conocimientos teóricos, adquiridos recientemente mediante los tratados yanquis.

Es así que entonces surgen los expertos teóricos que con gran aire de genialidad hablan del “main control”, del “talk-back” y del “cross-fade”.Se juzga el “timing” de los programas, y a la vieja fórmula de las cartas y llamadas telefónicas, se le empieza a mencionar como resultados de los “surveys”. Un violento y fío aire del Norte empieza a llevarse mucho de lo espontáneo, popular y criollo, construido por nuestra radiodifusión.

A medida estas experiencias toman dimensión, que cambian las condiciones económicas y laborales de la Isla y que el negocio de la radio crece, disminuye el grado de entusiasmo colectivo y desinteresado del movimiento artístico que lo genera. Con el paso del tiempo, los segundos al aire  empiezan a valer cientos de pesos y el tiempo ya no puede usarse con tanta prodigalidad, además el concepto de la calidad es reemplazado por el de la cantidad. Durante el romanticismo radial, la calidad es lo esencial, porque se está consciente que a más ensayos mayor eficiencia.

Los dueños de plantas cordiales y fraternos  que comparten el trabajo en ambiente familiar, se transforman en magnates difíciles de ver. Las conexiones politicas y los grandes negocios los alejan de la actividad interna de la emisora y aparecen los mecanismos burocráticos en los cuales las empresas manejan el negocio desde planos superiores.

Quienes no son capaces de competir en ese terreno, imposibilitados ya de mantenerse en el plano romántico de los primeros días, se retiran del gremio o venden y ceden sus plantas. Los subarrendatarios de horas son reemplazados también por la acción más organizada de las nuevas Agencias Publicitarias, que toman los tiempos para sus clientes, y para algunas grandes firmas industriales que invaden la radio para adaptarla a sus métodos privados de estímulo a las ventas.
 
Como una reacción natural al nuevo clima, los artistas pierden algo de aquella inquietud vocacional y empiezan a confiar en los métodos artificiales de valorizarse. No tardan en aparecer las fotos en la prensa, las portadas en colorees en las revistas, entrevistas y notas de comentaristas empiezan a tener más peso en el ambiente que aquellos largos esfuerzos de ensayos y superación que forjan a la generación de los pioneros radiales.
 
Siguiendo la vieja tradición del teatro, la mayoría de aquellas grandes estrellas, actrices y actores, que han enseñado a sus pinos nuevos el gran arte expresivo del micrófono van retirándose de los estudios y alejando sus voces queridas de las ondas. Dan paso a nuevas figuras: el público escucha nuevas voces. Se van los viejos maestros y con ellos la etapa romántica de la radio cubana.

Read 187 times Last modified on Jueves, 29 Agosto 2019 23:53

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