Quizás, en esto ha influenciado la concepción patriarcal, y que la historiografía ha hecho siempre hincapié en el análisis de las contiendas bélicas desde el punto de vista de los hombres, combates, operaciones militares, trabajos desempeñados en las estructuras civiles del Ejército Libertador como las prefecturas y subprefecturas, siempre están vistas con el prisma preponderantemente masculino.
Durante la Guerra del 95, organizada por el Héroe Nacional José Martí, la represión contra la población civil, que se vio envuelta en el conflicto, no se hizo esperar, agravada entonces por la genocida reconcentración de los habitantes del campo hacia las poblaciones decretada por el general Valeriano Weyler y Nicolau en 1896.
El hambre y la enfermedad, se enseñorearon en poblaciones como Ciego de Ávila, Chambas, Punta Alegre y Morón, donde se vivía en condiciones de hacinamiento, con cientos de personas sin hogar ni comida, carentes de medicinas, y padeciendo de disentería o fiebres palúdicas. Sin embargo, nada amilanó a la mujer, que cooperó, al ejercer disímiles actividades, con la causa independentista, causa por las cuales siete de ellas fueron encarceladas acusadas de ser confidentes de las fuerzas mambisas.
Una de entre los varios ejemplos que pueden significarse, por su actitud durante las guerras por la independencia de Cuba, lo es la patriota moronense Joaquina Echemendía Echemendía, a quien recordamos a propósito de las conmemoraciones por el aniversario 59 de la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas.
Esposa del coronel del Ejército Libertador Nicolás Hernández Moreno, el Tocayo, a quien acompañó en la manigua redentora durante las tres guerras por la independencia, Joaquina alcanzó una amplia hoja de servicio, y es una de esas personalidades que aguardan por nuevos estudios.
Era una mujer estoica, de férrea voluntad, y patriota a toda prueba, narró a quien esto escribe Amelio Hernández Machado, nieto del Tocayo. Fue una mujer muy sufrida, contaba, imagina que quedó huérfana a los tres años cuando tuvo la fatalidad que un trueno matara a su madre cuando trataba de alcanzar unas galletas que tenía en una java que colgaba de un alambre en el techo del bohío, y ella estaba prendida de su vestido. Después su padre se casó de nuevo y tuvo que ayudar a criar a sus pequeños hermanos.
Fue una mujer acostumbrada a luchar. Siempre, y desde que se casaron en plena manigua en 1874, cuando la Guerra Grande, lo acompañó en sus campañas; fue prisionera de los españoles y logró escapar junto a tres de sus hermanos y dos de sus pequeños hijos, sin embargo, ya en el monte los atacó el cólera morbo asiático y se le fueron muriendo los hijos, que tenían poca diferencia de edad.
Me hacía la historia, que el mayorcito no quería tomar del pecho, y ella se ordeñaba y echaba la leche en un dedal, y así mal que bien lo alimentaba hasta que enfermó y murió, al igual que sus tres hermanos. Lo asombroso es que tuvo el valor de que cavaba las tumbas con una improvisada coa, envolvía a los cadáveres en yagua y les daba sepultura. Era bien difícil y dolorosa aquella tarea. Los demás hijos, entre ellos Nicolasito, que peleó en el 95 a las órdenes de Simón Reyes, y terminó con el grado de teniente, y Gregorio, que fue sargento, nacieron en el período de la treguan que hubo después del Pacto del Zanjón, continúa Amelio.
Cuando el coronel se levantó en armas el 19 de mayo de 1895, abandonó todo y se llevó a toda la familia para la manigua, y Joaquina tenía un pequeño hospitalito en la casa, en el campamento que tenía el Tocayo en la zona de Veracruz, y el viejo le traía a los enfermos para que ella los curara, porque tenía muchos conocimiento de medicina verde.
Era muy patriota, una vieja muy fuerte, y me decía una decimita que la decía siempre que decía: Cuba quedó con ganas/ de gobernarse ella sola/ antes Cuba era Española/ y hoy es Cuba americana. Esto lo decía como crítica. Era analfabeta, pero con ideas propias, y tan patriota que rayaba al fanatismo.
La patriota Joaquina Echemendía falleció en fecha imprecisa y, según testimonio de su nieto sobrevivió por más de una década al Tocayo, quien dejó de existir el 26 de marzo de 1929.