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Asalto a Morón en 1876

Héctor Izquierdo Acuña Julio 20, 2019

Durante la Guerra de los Diez Años y con posterioridad en la Guerra del 95, los asaltos y toma temporales de poblaciones fueron acciones relativamente frecuentes por la necesidad de abastecerse de armas, municiones, ropa, calzado, medicinas y otros efectos que no podían ser adquiridos por los insurrectos, ni elaborarse en los talleres de las prefecturas mambisas.

Resulta difícil de acometer sobre todo si esa acción tenía como objetivo los poblados de Ciego de Ávila y Morón, centros de operaciones de la Trocha Militar, en los cuales por lo general se encontraban varios cientos de soldados en sus guarniciones, protegidos por fortines y elevadas cercas de jiquí. A pesar de ello, Máximo Gómez dispuso atacar las poblaciones de Villaclara, Punta Alegre y Morón.

La fecha escogida para el asalto a Morón fue el 20 de julio de 1876. El general Manuel Suárez Delgado operaba en esos momentos en ese territorio y había organizado una columna con fuerzas de infantería de Caonao y Bonilla a los que se sumaban dos escuadrones del Regimiento Agramonte, en combinación con fuerzas del Tercer Cuerpo de Ejército.

La entrada en la villa la efectuó a las 8 de la noche, por la calle Casals —actual Ignacio Agramonte—; continuaron hasta la calle Real, hoy Martí, y siguieron por ésta hasta Isabel Segunda —hoy Máximo Gómez. En los establecimientos de Ramón Rodríguez, Luís Angulo y Juan Galvis, los cubanos se proveyeron de todo lo que necesario.

Los fuertes que circundaban la población se defendieron con disparos, que no causaron bajas a los asaltantes que se retiraron hacia La Serrana, por el camino de la calle Máximo Gómez. En la operación, recibieron apoyo del coronel José Molina, quien con sus hombres atrajo la atención de los españoles que cubrían la parte norte y oeste de la villa.

El historiador Antonio Pirala, en su obra Anales de la guerra de Cuba, critica la actuación de la guarnición de Morón y Villaclara cuando expresó: Tropas más que suficientes había en uno u otro punto para desear la presencia del enemigo. En Morón, además del destacamento ordinario, se encontraban accidentalmente algunas compañías de una columna de operaciones; [...] el abandono de toda vigilancia en Morón y el aturdimiento y la falta de iniciativa [...], ocasionaron que [...] quedaran impunes el insulto, el saqueo de algunas tiendas y el incendio de edificios.

Mientras los jefes militares españoles analizaban las causas de la derrota, el general victorioso, Manuel Suárez, comunicaba: [...] me dirigí [...] al poblado de Morón, atacándolo el 20 del mes ppdo. La columna de ataque al mando de los tenientes coroneles G. [Gaspar] Betancourt y D. Johnson y la fuerza de vanguardia de los tentes coroneles S. Rosado y J. M. Capote, avanzaron sobre la fortificada villa, quedando de reserva mi escolta, con dos Escuadrones al mando del Ten Cor F. Céspedes. La extrema vanguardia al mando del capitán Eduardo Mederos, ocupó el fortín que defendía la entrada de la calle Casales. Se ocupó, además de dicho fortín, 4 armas, pistolas y revólveres Remington, 82 machetes de media cinta nuevos, 3 caballos, 4 cornetas y varios instrumentos, además de 10 000 pesos en oro, y un rico botín de ropas, prendas y efectos. El enemigo tuvo 6 muertos vistos. Sin novedad. Mis tropas permanecieron tres horas dentro del pueblo, sin ser molestados, a pesar de su guarnición de 600 hombres que a los primeros disparos se replegaron a sus cuarteles y fuertes atrincherados.

El asalto a Morón fue, sin lugar a dudas, una de las acciones más audaces y relevantes de la Guerra de los Diez Años en territorio avileño.

 

 

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