También se conoce que el intento de los Casas es imitado o puesto en práctica por otros muchos cubanos que, cargados de imaginación y voluntad, quieren emitir sonidos y se convierten en radioaficionados, por lo que no es de extrañar que muchos aún hoy se pregunten si con anterioridad al surgimiento de la 2LC alguien más se adelanta en hacer radio en la Isla.
De acuerdo con las investigaciones realizadas a lo largo del tiempo y el profundo trabajo realizado por el historiador Oscar Luis López, en la Historia de la Radio Cubana, se comprueba que varios radioaficionados se adelantan a Casas Romero y logran transmitir programas de forma irregular, es decir, a distintas horas y sin una programación que cuente con característica especial. De ahí que estos intrépidos del éter unas veces realizan pequeños programas improvisados, dan la hora o dejan escuchar un disco. En el afán de búsqueda se sienten estimulados sólo con recibir una tarjeta postal que les reporte la recepción del emisor.
Ante la novedad que significa el nuevo medio, las autoridades cubanas dictan el 12 de febrero de 1923, un Decreto que regula las transmisiones radiales. Entre otras disposiciones está la prohibición de pasar anuncios comerciales. Una que otra emisora hace caso omiso del Decreto y en 1926 comienzan a pasar anuncios. Al tolerarlo el Gobierno, el resto de las emisoras hace lo mismo. Esta situación prevalece hasta 1928 cuando el Gobierno deja sin efecto el famoso Decreto.
En Cuba no existen esas grandes entidades capaces de prestar apoyo directo a un novedoso sistema de relaciones con el público. Hay que recurrir al pequeño comercio local o a los importadores que representan a las firmas de las grandes manufacturas norteamericanas. Es curioso significar que la reacción comercial ante la posibilidad del anuncio es despiadadamente fría: no hay ningún interés por desarrollar el vehículo, ninguna simpatía hacia los esfuerzos de superación de la novedad técnica.
Los primeros entusiastas que se acercan a las grandes tiendas y firmas importadoras son recibidos como molestos pedigüeños, “gente que viene pedir dinero” para hacer unos experimentos que carecen de valor comercial. Solo cuando la radio crea y se desarrolla, por el esfuerzo colectivo de un grupo romántico de técnicos, artistas y organizadores, los intereses comerciales vienen a darse cuenta de su gran importancia. Entonces invaden el campo radial y modifican todas las normas en su beneficio.
Aunque hasta 1926 no se comienza a pasar anuncios por la radio, no se puede omitir el que se incluye en la historia como el primero. El 2l de Diciembre de 1922, en la primera plana del periódico El Mundo, aparece el siguiente titular:” SE ANUNCIA EL EMPRÉSTITO POR RADIO”.
“Los servicios de la estación radiográfica PWX fueron ofrecidos anoche por la Cuban Telephone Company al Gobierno, con el fin de que diera a conocer por su conducto a los pueblos de Cuba, Estados Unidos y Canadá la convocatoria de licitación para el empréstito de cincuenta millones de dólares.
El anuncio se realiza entre la primera y segunda parte de la programación habitual.
Esta es la primera vez que un gobierno ha anunciado la emisión de bonos por medio de la telefonía inalámbrica, especialmente invitando a los capitalistas extranjeros a hacer sus inversiones.
El segundo anuncio se produce el 13 de enero de 1983, cuando el presidente Alfredo Zayas autoriza a la estación PWX para que, en su nombre, se anuncie que “CUBA SE ALEGRA POR LAS CONDICIONES DEL EMPRESTITO”.
La consecución de la emisión de bonos por cincuenta millones a la casa bancaria de Morgn and Company, ha sido un gran triunfo para el crédito de Cuba.
Esto es así, porque las proposiciones recibidas han sido mucho mejores que todas las ofertas hechas en las anteriores emisiones de bonos de este Gobierno.
Mi satisfacción en este asunto,-expresa el Señor Presidente,- no puede ser mayor.
Para demostrar una vez más la incondicionalidad a los norteamericanos, el presidente le da las gracias en nombre de Cuba al prestamista de turno.
En estos tiempos nublados de los inicios, la radio viene a prestarla necesaria ayuda a la cinematografía que con la penetración norteamericana pierde terreno y cede a la vertiginosa acción invasiva que intenta despojar a los cubanos de sus costumbres hispanas, por tanto es necesario conocer el origen de algunos espectáculos que en el pasado se mantienen por más de veinte años en los primeros planos con una audiencia fundamentalmente de niños y jóvenes.
En la década de los años veinte, desde William Hart, creador del “cowvoy” cinematográfico, las películas del Oeste conquistan las simpatías del público cubano, a tal punto que, contra todo lo que se publica de la familia Valentino, Tom Mix lo supera en popularidad, y no solo entre la grey infantil. Con Buck Jones, se completa el trió de vaqueros que despiertan entre el público cubano el interés por las películas del Oeste. Sus caballos “Malacara” y “Tony”, le disputan la popularidad a sus dueños y a los mejores artistas cubanos y españoles.
Por ejemplo, el 2 de Octubre de 1922, de los seis cines activos en la capital cinco proyectan películas norteamericanas del Oeste y solamente uno exhibe una cinta en español, es el Olimpia que proyecta el filme “La Madonna de las Rosas” con argumento de Jacinto Benavente, interpretada por Carmen Moragas y Hortensia Gelabert, artista de teatro y radio de nacionalidad cubana, que embarca para España muy joven para continuar sus estudios de declamación y arte dramático.
Como se observa en estas investigaciones históricas, el cine juega un papel muy importante en la penetración cultural con que los norteamericanos van desplazando la cultura española del cuadro de costumbres de la familia cubana. Por esa fecha “El Diario de la Marina” que hace el juego bien temprano, realiza el primer concurso de popularidad de los artistas cinematográficos, algo muy paresido a una de esas selecciones de valores que más tarde implantan ciertos cronistas que responden a intereses monopolistas y comerciales con las figuras radiales del patio. Este es el dudoso origen de esas selecciones anuales, de tan desastrosos resultados en etapas posteriores de la radio, que es una maniobra más del monopolio que intenta poner la radiodifusión cubana en manos del control yanqui.
Planteado así el cuadro inicial del cine, desplaza de modo efectivo al teatro español y a la zarzuela bufa del criollo teatro Alhambra, el monopolio telefónico calcula que llega el momento propicio de instalar en Cuba la radiodifusión y completar así los recursos psico-sociales que ponen en manos de la penetración cultural norteamericana los dos poderosos medios modernos de comunicación y orientación de las masas. No cuentan, sin embargo, con un importante factor imprevisto: la inventiva y agilidad mental del criollo, que con una maniobra ingeniosa se apodera de la radiodifusión para ponerla al servicio de las raíces folklóricas y en contra, precisamente, de la invasión estelar cinematográfica.