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Intentos de Estados Unidos contra Cuba

La intención del gobierno estadounidense de dinamitar la unidad entre las religiones cubanas y la Revolución tiene honda raíz y, en varias ocasiones, durante estos 60 años, se ha pretendido manipular los vínculos entre las instituciones religiosas y el Estado.

No obstante, con la actual administración de Donald Trump, la vuelta a la Doctrina Monroe y el recrudecimiento de los planes subversivos contra Cuba, la voluntad de dividir ha sido más explícita.

Se ha desconocido, en toda su magnitud, la postura del Gobierno cubano y su disposición, al decir del Comandante en Jefe durante una visita a Jamaica en 1977, de «trabajar juntos para que cuando la idea política triunfe, la idea religiosa no esté apartada, no aparezca como enemiga de los cambios. No existen contradicciones entre los propósitos de la religión y los propósitos del socialismo».

También el General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario del Partido, ratificó, en el informe al 6to. Congreso de esa organización, que «la unidad entre la doctrina y el pensamiento revolucionario con relación a la fe y a los creyentes tiene su raíz en los fundamentos mismos de la nación».

Incluso, la nueva Carta Magna, que será sometida a Referendo el próximo 24 de febrero, define, en el artículo 15, la laicidad del Estado y expresa que este «reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa». Y más adelante precisa: «las instituciones religiosas y asociaciones fraternales están separadas del Estado y todas tienen los mismos derechos y deberes».

Pero, ¿con quién cuenta la administración Trump para sembrar la discordia y revitalizar los propósitos del llamado Plan Bush, del 2004, el cual aseguraba que «las iglesias y otras instituciones religiosas tienen un importante papel en la construcción de una Cuba libre», o sea, una Cuba plegada a sus designios?

Para estas tareas sucias Estados Unidos cuenta con el mercenario Teo A. Babún (hijo), y con su organización: Asociación Alcance Humanitario Evangélico (Evangelical Chiristian Humanitarian Outreach for Cuba), ECHO Cuba.

Empecemos por Teo. Antes del triunfo de la Revolución, la familia Babún era propietaria del segundo mayor aserrío de Oriente, la constructora Diamante S.A., la fábrica Cementos Nacionales S.A., la hacienda Sevilla y la línea naviera de Santiago de Cuba.

En 1959, tras el triunfo revolucionario, la familia Babún abandonó el país y, una vez establecida en Miami, se relacionó con la «mafia anexionista». Entre los pasajes tristes de esa historia retorcida figura el apoyo de los Babún a la invasión mercenaria a Playa Girón y el ataque terrorista, perpetrado en 1971, al poblado costero de Boca de Samá. Ellos facilitaron la embarcación que se usó en la maniobra, ejecutada por la organización contrarrevolucionaria Alpha 66.

Ya en 1994, Teo funda ECHO Cuba. De acuerdo con el artículo La caridad made in Miami y la extraña fe de ECHO Cuba, de Iroel Sánchez, esta organización fue denunciada en la serie Razones de Cuba por fomentar, con fondos del gobierno norteamericano, la subversión en la Mayor de las Antillas. ¿Los métodos?: blogs contrarrevolucionarios, propaganda impresa y actividades públicas.

Según documentos del Departamento de Estado Norteamericano, «ECHO Cuba tiene sustancial experiencia en programas de la USAID y combatiendo el totalitario régimen de Fidel Castro».

Iroel Sánchez argumenta, además, cómo Babún recibió de la USAID, en el 2009, «una asignación de 1 033 582 dólares y en el 2010 firmó un contrato por otros 320 000, según revelaciones del sitio Cubamoneyproject. El mismo espacio publicó que ECHO Cuba, en marzo de 2010, anunció que estaba ofreciendo concesiones por 75 000 dólares para «promover la libertad religiosa en Cuba».

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